Susurros del Ayer
Then the sky and I are in open conversation,
And I shall be useful when I lie down finally:
That the trees may touch me for once,
and the flowers have time for me.
PLATH: I Am Vertical

Acero Tibio
Aquí, entre páramos parlantes. Este hoyo se ha inmolado y todas las risas son siniestras. Me revuelvo ácidamente en las entrañas del liceo. Camina, se bambolea de modo casual. Libertad, mis pestañas de hierro. Libertad, el halo pútrido y el hielo. ¿Libertad? El halo…fétido, evanescente.
De manera que la caja negra posee belleza impertérrita. De manera que los siglos de las luces se infieren del calor sufrido. Deseo martillar. Me susurran frases estúpidas. Me borré con tinta indeleble. Aquí, por las montañas apagadas, entre nubes cansadas. Hiéreme. Rehúsate a mirar las estrellas. Hay cierta cadencia que invade las ventanas sucias. ¿Puedes reinventarme? Sedúceme. Y lentamente, el sol, asiduamente… ¿Me hieres? La luna se destila en su belleza tácita y mortal.
Arráncate los cabellos y tíralos al monte de Venus. Tu voz que no me toca. ¡Escúpeme! Trotando, trotando los caballos de sana estirpe. Flores en el campo y aventuras en el corazón. Cuánta ternura.
Escúpeme.
Inusual, extraño, ardiente, enloquecido, rebelde, brillante.
Extraño.
Inusual, rebelde. ¿Mi espejo?
La sangre que fluye secamente y el humo efervescente que reza y se desborda. Relampagueante nieve la que nos acompaña. Mis cabellos son testigos. ¡Ah!, la varita, el rebaño, la muerte.
Litúrgico, espasmódico. Te odio con devoción. Traslúcido esperpento, la nariz bulbosa y las líneas tersas. Te deseo: Muerto.
Me encontrarás perdida en las colinas de tu mente. Cada día es una oportunidad para asesinar un poco más.
Ella habla, se espabila y gimotea. Me encontré al inicio y al final de la selva roja.
¡El Infierno!
Y hablé, y le dije: “Usted puede estar hablando con la mente más brillante del Siglo XXI o con el más grande fracasado de toda la historia. No lo sabe. No tiene idea de quién soy o de mis razones. Me ve aquí, con las narices entre las páginas de un libro y se sorprende que no me interese defender algún punto de vista en voz alta. Me atrevo a decir que las voces son corruptas. No voy a hablar para el viento. Y eso es todo lo que obtendrá de mí. Le sugiero que me deje continuar con mis asuntos y se ocupe usted de los suyos.”
El viento palurdo me conmovió la noche. Apagué la luna con esa caricia que espero hace tanto tiempo…

